Tomada desde el asiento del copiloto del Fiat 131 de mi padre, en algún punto del camino hacia San Fernando de Apure, Venezuela — allá por 2005.
La hice con una cámara digital que no era gran cosa, mientras viajabamos a la tierra de mi abuelo Ramón Burgos.
Hace poco la encontré perdida en un disco duro viejo, y algo en ella me volvió a atrapar: el encuadre, el movimiento, el ritmo del ganado.
Después de escalarla con inteligencia artificial y ajustar algunos parámetros en Lightroom, esta nueva versión cobró vida. Ahora se siente casi como una pintura — irreal en apariencia, pero anclada a un recuerdo muy real.