Un día estaba en los EAFEST STUDIOS, en Maracay (mi ciudad). Este lugar fue centro de mucho arte en la ciudad, y Toño Amín, que llevaba el lugar, siempre estaba propiciando momentos de arte.
Un día me pidió que le hiciera una foto a su ojo, bien cerca. Este fue el resultado:
El encuadre y la composición centran toda la atención en el ojo, generando una sensación de proximidad intensa, casi intrusiva. La luz juega un papel crucial al resaltar las texturas de la piel y la profundidad del iris, creando un contraste marcado entre las zonas iluminadas y las sombras. La nitidez en los detalles hace que la mirada cobre un peso especial, transmitiendo una sensación de observación inquietante, como si el ojo no solo fuera el sujeto de la imagen, sino también el observador.
Además, los reflejos en la superficie del ojo aportan una capa adicional de interpretación. No solo añaden realismo, sino que introducen un elemento de abstracción, dejando espacio para que el espectador se cuestione qué es lo que realmente está viendo, o qué se está señalando en el reflejo.
La imagen narra la percepción de lo humano y lo inusual, oscilando entre lo natural y lo que hacemos mecánicamente, lo íntimo y lo distante.
La imagen narra la percepción de lo humano y lo inusual, oscilando entre lo natural y lo que hacemos mecánicamente, lo íntimo y lo distante.